MENSAJE DE DESPEDIDA

Hasta pronto...

 

Por diversos motivos (entre ellos, los meramente profesionales), me despido de este blog. Ahora mismo no sé si será un adiós o un hasta pronto.

 

Esto empezó hace casi cuatro meses con el único objetivo de escribir libremente sobre el deporte de Salamanca desde el punto de vista de un informador al que le encanta su oficio, sin ninguna intención mercantil ni de ningún otro tipo. Acabo de revisar las estadísticas, a modo de cierre, y he comprobado que ha sido más leído de lo que me podía imaginar: unos 2.000 visitantes únicos (de muy variada procedencia) y cerca de 4.000 páginas únicas vistas. Estoy muy sorprendido. Me lo he pasado muy bien. Gracias a todos los que habéis visitado el blog y a quienes habéis dedicado unos segundos para dejar opiniones (casi siempre alabanzas, reflexiones interesantes) o enlazarlo en diferentes blogs, foros y otros medios de comunicación. Gracias, muchas gracias.

 

Se quedan sin nacer decenas de artículos, cientos de ideas. Pero si contáramos todo lo que pensamos, no podríamos formar parte de esta sociedad. Corren tiempos difíciles también para esta jungla que es el periodismo. Intentaremos sobrevivir. Será más fácil mientras haya receptores interesados en leer, escuchar o ver informaciones en cualquier formato. Como ha ocurrido con La Escuadra Helmántica.

 

Un saludo. Nos vemos en los campos.

 

BALONCESTO. PERFUMERÍAS AVENIDA

Elogio de la ilusión

 

Cada temporada puede ser la última. En el entorno que rodea al Perfumerías Avenida es inevitable que se recuerde el destino de otros clubes de la ciudad que contagiaron pasión en ingentes cantidades y después se fueron, por la puerta de atrás, para siempre, casi sin despedirse. En realidad, este temor, en el caso que nos ocupa, es inmensamente infundado; no se sustenta de ninguna manera en argumentos sólidos. El Avenida, ya una referencia continental, ha crecido deportivamente hasta situarse entre los ocho grandes de Europa. No obstante, otro crecimiento va incluso por delante en esa carrera deportiva: el de la ilusión.

 

Aunque los segundos puestos podrían menguar el entusiasmo, pese a que los reproches variados se abren un hueco cada vez más ancho y largo, la dedicación de los dirigentes azulones no cede, crece año tras año. Los nuevos proyectos superan siempre a los anteriores. Los portavoces de la entidad perfumera, cada mayo, hablan del año siguiente como “tremendamente ilusionante”, acompañando las palabras de gestos convincentes, y al cabo de pocas semanas se comprueba que no fantaseaban. La familia Recio representa una aportación empresarial que se da de bruces contra la pared de una Salamanca inmovilista, demasiado paralizada, que vive de espaldas a la innovación y a las apuestas ambiciosas. El deporte también aporta revoluciones al motor de una ciudad. Sin duda, un ejemplo a imitar en ésta y otras vertientes sociales y económicas.

 

La ilusión inspira al tándem Jorge Recio-Carlos Méndez. El primero se ha erigido en un apasionado del baloncesto: conoce el mercado de jugadoras gracias a los vídeos que estudia en el salón de su casa. El segundo, pieza angular en la construcción de este presente, sufridor de cantera cuando se sucedían otros tiempos menos brillantes, posee ahora la fastuosa capacidad de hacer un equipo estelar como si coleccionara un álbum de cromos.

 

Sería fútil no reconocer que Perfumerías Avenida –la empresa– suma notoriedad y ganancia de otros interesantes intangibles con su apuesta por el baloncesto femenino. Pero el Grupo Recio no precisa del deporte para conservar sus actuales beneficios. Así las cosas, se desprende que el baloncesto de Salamanca le debe más a los hermanos Recio que éstos al básquet charro. La empresa familiar ‘cede’ decenas de miles de euros en pos de la ilusión para ofrecer un espectáculo en Würzburg del que disfrutan cientos de salmantinos.

 

El presupuesto del próximo curso volverá a incrementarse con el fin de impulsar la marcha deportiva. Se gastará más para poder acceder a exquisiteces únicas. La estabilidad del Avenida precisa de un esfuerzo colectivo: la afición no debería evadirse. El club prevé un incremento del precio de los abonos –actualmente, bastante asequibles– de cara a la próxima temporada. Habrá críticas, muchos pensarán que no es el momento idóneo, otros se sentirán agredidos, pero el esfuerzo ha de ser compartido.

 

La ilusión no vive del aire: requiere un sustento monetario sin exclusiones. Erika de Souza va a jugar en Würzburg a partir de octubre. En los últimos años se había convertido en una ladrona de ilusiones perfumeras. Ahora la pívot brasileña ha protagonizado un fichaje que marca el inicio de una nueva era, en la que el Avenida, de una forma u otra, conquista lo mejor del Ros Casares, hasta ahora una amenaza permanente para el vestuario salmantino. Recio y Méndez cometerán deslices y se ganarán críticas negativas, aunque lo que nadie les podrá negar nunca es la apuesta por una ilusión que merece una caravana de elogios.

 

FÚTBOL. UDS

Viajes extraordinarios

 

Los aficionados de leyenda cuentan historias fabulosas que transcurren por pasajes futbolísticos permanentes en la memoria colectiva de un equipo. La tradición de cada club se escribe con letras de oro sobre ciudades inolvidables que desprenden desde una fecha concreta un aroma amable, diferente para un colectivo de personas que narrarán ese cuento hecho real, sin pausa, a las nuevas generaciones.

 

Albacete siembra de orgullo el corazón unionista. En la región donde brotaron Don Quijote y Sancho Panza, un grupo de humildes y valientes deportistas se disfrazaron de gigantes y su legado se manifestó inmortal. Las connotaciones que ofrece el recuerdo de la ciudad manchega riegan de riqueza la entidad helmántica. “Yo estuve en Albacete aquella noche mágica”, decía esta semana un afortunado salmantino añorando su sueño, y la percepción de persona con una vivencia única crea una innegable envidia por los momentos perennes que almacenan unos viajeros intrépidos que desafiaron la cordura deportiva por vivir una fantasía marciana, de otro planeta.

 

Los viajes se han escrito, grabado, inmortalizado. Se han analizado desde prismas económicos, sociales y culturales. Los primeros viajeros impartían lecciones a su regreso ante los rostros atónitos de amigos, familiares y vecinos. Descubridores de mundos, portadores de recursos novedosos. La búsqueda del aprendizaje, de experiencias conmovedoras, mueve a los excursionistas. También a los turistas del fútbol, seguidores incansables que trasladan su pasión por la geografía mundial.

 

A la Unión le restan cuatro desplazamientos cardinales hasta junio. Albacete, Castellón, Villarreal y Vallecas decidirán, en gran medida, qué ciudades (o pueblos) visitará la entidad blanquinegra la próxima temporada. El conjunto de D’Alessandro necesita el calor de sus simpatizantes más allá de los límites del Helmántico. Josema, el lateral izquierdo del 0-5 en el Carlos Belmonte, envió un mensaje el pasado martes a su antigua hinchada: “Aunque suene a tópico, es cierto que el jugador percibe si la afición le apoya, porque acabas contagiándote, así que sería bueno que hubiera público salmantino en la grada de cada estadio”.

 

La UDS precisa del apoyo extraordinario de los unionistas en este hostigador desenlace de curso. Los euros escasean en un cruel 2010, pero los esfuerzos de la afición salmantina representarían un peso superior al que se puede suponer. Los jugadores charros saldrán al campo y observarán asustados los ambientes hostiles que les recibirán. Sólo entonces, cuando muevan los ojos a modo de panorámica, encontrarán aliento al observar un diminuto reducto de los suyos con cánticos familiares lejanos pero audibles y animosos. El no verse solos, el saber que su misión es compartida, les reconfortará.

 

Quien ha viajado alguna vez con su equipo lo sabe: el papel de aficionado se completa con esa experiencia genuina y maravillosa. Los primeros kilómetros en el autobús de la peña, el paseo previo por tierras desconocidas, el olor del césped visitante, las cervezas placenteras, la bufanda también viajera siempre en el cuello, los cánticos que equivalen a rugidos foráneos, las charlas futboleras y menos futboleras con otros paisanos, las miradas cómplices entre iguales, los encuentros con aficionados locales, las ilusiones quijotescas en grada ajena, la búsqueda de tu equipo con gesto inocente, la cercanía en mundos lejanos, la celebración entusiasmada de un gol en ese fondo esquinado, casi invisible... La representación de una ciudad y un club de casi un siglo de historia, a cientos de kilómetros de casa, agita el orgullo a ritmo vertiginoso.

 

En los próximos trayectos puede cobijarse una historia fabulosa en forma de sufrida permanencia en la Segunda División. Cientos de unionistas deberían estar allí, para tender su mano amistosa al equipo, y convertirse, de esa forma, en aficionados de leyenda que protagonicen viajes tan extraordinarios como los narrados por Julio Verne.

 

FÚTBOL. CRÓNICA UDS 1-2 RECREATIVO

Juego directo al descenso

 

La medicina balsámica de Jorge D’Alessandro se ha manifestado tan palpitante en sus inicios como efímera en su posterior curación. Veinte días después de su gloriosa bienvenida, la Unión vuelve a tambalearse, mostrando la impresión de haberse producido otro cortocircuito más en un equipo aquejado de infinitos defectos y eterna confusión.

 

Lamenta Hugo Leal no haber disfrutado de un año con mejor fútbol. Al portugués se le fichó para que se erigiera en el motor de la marca UDS. Se irá de Salamanca sin haberlo conseguido y con dolor de cuello, porque el estilo que le vendieron ha mutado en otro donde el juego directo es la fórmula para llegar a la victoria. La afición ya no se enfada aunque atenten contra su estética: en épocas de hambre vale el pan duro. El equipo juega ahora a un fútbol para el que no está concebido, si es que esta plantilla está concebida para algo que no sea la derrota perpetua. Como si de la noche a la mañana a Xavi o Iniesta los entrenara Javier ClementeResponderían alocados. La Unión comenzó el curso admirando al Barça y lo va a acabar añorando no ser el Inter. Un galimatías.

 

El Salamanca no dispone de la calidad necesaria para conservar la pelota sin lastimarse, aunque tampoco vive plácido levantando el balón del suelo, juego para el que hace al menos un lustro que no se prepara. Porque el fútbol directo, digno como otros, exige un entrenamiento previo que no se aprueba con un curso intensivo de tres semanas. El equipo se muestra fatigoso, desvalido. Sus internadas ofensivas son torpes, repeticiones a cámara lenta; una afrenta al factor sorpresa que ofrece la velocidad. Ni uno de sus hombres se vuelve desequilibrante hasta desencadenar en un arrebato que empuje hacia el gol. El Salamanca es insulso: en sus duelos la grada ya no ambiciona la emoción. El Recreativo propuso cordura, poco más; suficiente argumento para adivinar la inerte realidad de la UDS.

 

Los unionistas no llenan espacios, les sobra campo. Las líneas se distancian tanto que algunos necesitarían prismáticos para verse. A su casa le entra agua y ninguna línea es capaz de achicarla. El golpeo incontrolado –o balón dirigido hacia las caídas de los delanteros– es el recurso elegido para llegar al área rival, pero los centrocampistas y las bandas acuden lentos y tarde al rechace. Así no se gana ni un mísero metro. Así la portería rival siempre permanece lejos, inalcanzable incluso. El Recre lo sabía y se defendió con suficiencia y ayudas permanentes. Los azulones no merecen ser admirados, pero, como tantos otros que llegan al Helmántico, mostraron el oficio suficiente para atosigar la ansiedad unionista. El de Huelva es un bloque competitivo, cualidad en la que siempre se ve superada la UDS. Vivió una plácida tarde sobre el césped del Helmántico. Sus centrocampistas no sufrieron la presión que asfixió al Córdoba en el debut de Jorge D’Alessandro, cuando la Unión sí se desplegó como si su vida dependiera de los tres puntos.

 

La realidad, a falta de siete jornadas para el final, es que Balta construyó un bloque para jugar a todo lo contrario que exige ahora D’Alessandro. El cambio de discurso político en plena campaña electoral suele acabar con un desastre en las urnas. Al plan del argentino le faltan mimbres. Edificar un entramado defensivo convincente con este Salamanca no es más que una quimera. Tampoco extraña que Gorka Azkorra cuajara unos minutos más que aceptables: el delantero vasco, denostado durante tantos meses, puede mostrar sus virtudes con el nuevo sistema de juego. Otro olvidado, Kike López, que recibe tantas ovaciones como pifias comete, forzó el segundo penalti. Caso incongruente el del salmantino, símbolo del querer y no poder de una temporada que se ha nublado tanto que amenaza con un junio huracanado. Las ausencias de Quique Martín y Salva Sevilla dejaron a la Unión huérfana de talento. Y sin lanzador de penaltis. Hugo Leal había errado el suyo antes de que Linares igualara el encuentro.

 

El Decano ni se inmutó. Iba a ganar cuando lo decidiera, minuto arriba minuto abajo, ante las angustias de un contrincante herido que exigió a su rival menos que un filial en los partidos de los jueves. Javi Fuego sentenció la vulgaridad local. D’Alessandro se ha encontrado un barco a la deriva y su nuevo rumbo tampoco avista tierra. La Unión desperdició una tarde apacible; se hunde en el oscuro fango. Al Salamanca no le responden ni los pies ni la cabeza. Sólo con corazón (lo que queda de él), buenas intenciones y balón al aire no se triunfa en Segunda.

 

BALONCESTO. PERFUMERÍAS AVENIDA

Jordi debería seguir

 

Terminó la prórroga. Jordi Fernández felicitó a Isma Cantó y se dirigió hacia la puerta de salida para fumar el habitual cigarrillo post-partido. Mientras caminaba, se quitó la corbata azul del Avenida y mostró un gesto de alivio, como si la prenda oficial fuera el yugo que le había intentado ahogar durante los últimos meses. Al fin, Jordi se sintió libre.

 

Lo mejor que se puede decir del entrenador catalán es que siempre ha sido fiel a una forma de pensar y actuar. Jordi Fernández, durante estos ocho meses, se ha comportado igual que el Jordi Fernández que nos visitaba con Ibiza. Un tipo agradable en el trato, siempre dispuesto a compartir una charla o conceder una entrevista. Su único error fue no saber que en Salamanca hay decenas de entrenadores –periodistas, aficionados, gente del baloncesto– que se creen con la capacidad suficiente para dar lecciones zonales.

 

Jordi desprende una naturalidad difícil de igualar. En un mundo infinitamente falso, el periodista deportivo disfruta cuando se encuentra con estas personas sinceras. Una anécdota resume bien su carácter. En uno de los primeros viajes por Europa, el técnico hablaba con los periodistas y comentaba que no le parecían formas educadas ni adecuadas las que estaba utilizando un compañero nuestro en un medio de comunicación al hablar de otro equipo que no era el Avenida. Los informadores pensábamos que tenía razón, pero nos mirábamos extrañados; nos quedamos con las ganas de decirle que era mejor que guardara silencio, porque a la otra persona le podían llegar sus palabras. Pero Jordi nunca calló. Siempre dijo lo que pensaba, y esto casi nunca gusta a los jefes.

 

El técnico catalán ha cumplido con los objetivos que le plantearon en junio. No ganó ningún título en Salamanca, pero es que el equipo –que nadie lo olvide– tampoco lo había conseguido en los tres años anteriores. En principio, el lunes se reunirá con Carlos Méndez. No se esperan sorpresas: pese a merecerlo, Jordi no será el preparador del Avenida en la temporada 2010/2011. Se va un buen entrenador.

 

Su sorpresa fue mayúscula cuando después del tercer o cuarto partido de Liga se instaló la idea de que el Avenida no jugaba bien al baloncesto. Se lo decían a él, la misma persona que había explicado que sus equipos necesitan tiempo para funcionar como un reloj y plasmar su estilo. No se trataba de la típica excusa de principios de curso: sus casi cuatro décadas de entrenador le daban la razón. ¿No sabían esto en el club cuando le ficharon?

 

“Si me dicen que jugando dos finales y llegando a cuartos de la Euroliga voy a pasarlo así de mal, con esa falta de confianza, no lo hubiera creído”, ha afirmado Jordi Fernández en una entrevista en Tribuna de Salamanca. Que no se le ha dejado trabajar es lo más duro que puede decir un entrenador. En el baloncesto femenino, por desgracia, se protegen más los caprichos de las jugadoras que la inteligencia de los técnicos. Así, esta figura queda relegada a un papel secundario (vean, por ejemplos, los sueldos que cobran unas y otros). Pensar que la autoridad de un técnico no debe imponerse siempre conlleva unos riesgos que ningún club debería asumir.

 

Jordi Fernández debería seguir, y su segundo entrenador, también. El equipo ha llegado al final de la temporada, prácticamente, al mismo nivel que el inigualable Ros Casares. El bloque perfumero se ha mostrado tácticamente compacto y físicamente muy fuerte. Ahora vendrá otro técnico que necesitará del tiempo que ya había ganado Jordi. El mercado tampoco ofrece opciones reales más garantistas que la del catalán. Sólo cabe esperar que el elegido no sea alguien sin personalidad o débil desde el primer minuto que pise Würzburg, y que tenga todo el apoyo de sus directivos. Porque un entrenador sin ese respaldo absoluto debilita las aspiraciones de cualquier club.

 

FÚTBOL

La Unión y los free riders

 

La decisión del club del Helmántico de rebajar los precios de las entradas hasta casi regalarlas conlleva consecuencias contrapuestas. Por supuesto que algunas son positivas, pero en ningún caso se deben ignorar las amenazas que otras vierten sobre el futuro de la UDS. El debate en la calle está servido: de momento, las opiniones se cruzan sin un punto medio donde encontrarse.

 

En primer lugar, los más de 10.000 aficionados que siguieron en directo el Salamanca-Córdoba demuestran que la Unión se ha convertido en un producto free rider: en la ciudad viven miles de individuos que tienen interés en un bien (los partidos de la UDS), pero no están dispuestos a pagar por él. La primera conclusión es positiva: la entidad unionista, al contrario de lo que se podría pensar y pese a las vicisitudes pasadas en los últimos años, cuenta aún con una masa social numerosa. La segunda no lo es tanto: un 50% de su afición potencial no suele acudir al estadio Helmántico. La desproporción es preocupante, por lo que merece una atinada reflexión.

 

En la imperiosa necesidad de contar con el mayor apoyo posible en las gradas para este dramático final de temporada, la entidad que preside Juanjo Pascual ha optado por reducir el precio de las entradas. Lo hizo contra el Córdoba y esta semana la estrategia se repite para recibir al Recreativo de Huelva. El efecto inaugural fue espectacular: la UDS recuperó un ambiente de Primera y la victoria se quedó en Salamanca. Pero la decisión corresponde a una táctica cortoplacista que puede hipotecar el futuro blanquinegro. Dicho de otra forma: las urgencias se anteponen a una deliberación más profusa de los riesgos que atañen a la entidad salmantina.

 

La Unión ha lanzado un mensaje al entorno sin vuelta atrás posible: su producto vale poco. En cierto modo, ha desprestigiado un espectáculo deportivo de relevancia nacional, banalizando los encuentros que su equipo disputa como local. ¿Cuántos el próximo verano van a comprar su abono? ¿No renunciarán a su carné a la espera de que el equipo se juegue algo realmente importante para comprar una entrada barata? ¿Cómo se convencerá a los socios de ahora para que no sientan como injusta las medidas actuales? ¿Valdrá con compensarlos ofreciéndoles algún regalo o descuento?

 

No importa tanto que el equipo vaya primero o último para que los seguidores acudan al Helmántico de manera habitual la pasada temporada, al liderato que ocuparon los jugadores de Amaral no lo acompañaron entradas masivas. Cientos de seguidores con corazón unionista querrían acudir cada domingo a animar a su equipo, pero sus economías particulares no se lo permiten. El fútbol es caro. El club debe tomar nota de esta circunstancia. Quizá una rebaja de los abonos llenaría las gradas desde septiembre y, a la vez, se recaudaría un dinero notable por la venta de los carnés. Sin embargo, a la política de entradas (casi) regaladas se le puede aplicar el refranero popular del pan para hoy y hambre para mañana.

 

En todo caso, sorprende este afán por llenar las gradas. Aunque el ambiente de unionismo que se crea es digno de alabar, cabe recordar que no hay una correlación directa entre número de aficionados y de victorias. Más bien todo lo contrario ha ocurrido en Salamanca en la historia más reciente. Sin ir más lejos, el pasado año la Unión logró su mejor racha en casa con apenas 5.000 incondicionales siguiendo sus partidos. Después, cuando alguna cita trascendental albergó otros tantos miles más, el equipo cayó derrotado repetidamente, como ocurrió también, por ejemplo, contra el Ciudad de Murcia el día que el Helmántico lloró el último descenso.

 

La teoría económica explica que los free riders presentan un peligro: al no haber suficientes pagadores voluntarios, los productores no podrían continuar ofreciendo el bien. En el caso de la Unión, si nadie cree necesario pagar un abono para ver los partidos, el Salamanca perdería una fuente de ingresos básica con el fin de poder seguir compitiendo a nivel profesional. Los free riders se traducen al castellano con el adjetivo de gorrones, aunque los compradores de entradas baratas no merecen ese distintivo tan humillante. El socio debería pensar que son también unionistas, sin abono por cuestiones, en muchos casos, económicas, pero con corazón blanquinegro, y que se sientan ahora en el Helmántico para respaldar a unos jugadores que lo necesitan de verdad. Posiblemente, esos socios que muestran su malestar, en unos meses, se conviertan también en unos free riders más. De ahí que Juanjo Pascual y su junta directiva deban reflexionar. Conviene llenar el Helmántico, pero sin sentar las bases de una próxima estampida a la espera de las rebajas de abril.

 

FÚTBOL. UDS

Un domingo cualquiera

 

Un domingo más el aficionado se siente ardoroso, exaltado: el guión del sábado lo ha escrito un unionista, no hay dudas. Derrotas del Murcia, Celta de Vigo, Las Palmas y empate del Albacete. Hoy no es un domingo cualquiera: ¿quién nos iba a decir que sólo diez días después de la llegada de Jorge D’Alessandro la Unión podría distanciarse cuatro puntos del oscuro descenso?

 

D’Alessandro es puro nervio; los años no le han restado ni un ápice de frenesí en el banquillo. Contra el Córdoba se comportó con furor y su arrebato de energía dio lugar al coraje de sus jugadores. En los entrenamientos se mueve como un juvenil: grita, exclama, salta, remata, se enfada, felicita, explica, instruye... Su efecto balsámico ha podido con el enloquecimiento de la chiquillería desorientada que se encontró en el Helmántico.

 

No sólo han variado el ánimo y los resultados. A poco que los vídeos viajen por las ciudades de la Segunda División, el unionismo se librará de un peso que se hacía ya insoportable, el de escuchar al entrenador de turno con la retórica aburrida del “Salamanca juega muy bien al fútbol”. En todas las ruedas de prensa de los rivales se repetía en los últimos años la misma perogrullada. Era un automatismo de cada semana blanquinegra asumido con pesar. Cierto es que desde la etapa de Javi López la Unión recuperó un estilo preciosista, pero no menos lo es que no siempre, en el lustro 2005-2010, ha sido así, porque hubo intervalos de intentos no consumados que nunca cambiaban el discurso de los técnicos amantes de los tópicos.

 

En muchas ocasiones, creí dar un significado coherente a esas repetitivas manifestaciones. “La Unión juega muy bien al fútbol... para mi equipo”, querían decir, aunque escondían en el pensamiento la parte final del enunciado para respetar al rival o, incluso, para no ofrecerle pistas que le hicieran cambiar. Tras perder contra el Levante, los periodistas de Valencia se dirigían a los de Salamanca para expresarles su estupor por la posición clasificatoria de la UDS. “Si es que juegan muy bien”, decían. Y sí, la Unión había jugado bien en el Ciudad de Valencia. Ese equipo sería el invitado ideal para el partido contra la droga, y muchos de sus jugadores tendrían cabida en otro entre los amigos de Ronaldo y los de Zidane.

 

Pero el fútbol va en serio. Poco queda ya de juego y mucho de trascendencia. D’Alessandro lo sabe. Para él jugar bien significa ver a sus chicos unidos, trabajando sin parar, corriendo con criterio. Y diría que para los 10.000 aficionados que vieron el Salamanca-Córdoba, también. Al menos así lo ven ahora, cuando el margen de error es ínfimo.

 

Por eso, el domingo veremos a un Salamanca que podrá perder en Alicante, pero que, eso seguro, no jugará bien para el Hércules. Es más, va a jugar mal para el Hércules: les pondrá en aprietos constantes y les forzará a sacrificios múltiples. Lucas Alcaraz y Esteban Vigo, los dos técnicos que han preparado a sus equipos para medirse contra la Unión de D’Alessandro, ya no han repetido tópicos que dolían al seguidor blanquinegro.

 

Otro ‘D’A’, D’Amato, vivió otros domingos cualesquiera. Este entrenador llegó a un equipo sumido en las derrotas consecutivas, con falta de público y héroes deportivos en el ocaso de sus carreras. Pero el míster de fútbol americano resucitó al club y lo condujo hacia el éxito. Jorge D’Alessandro representa en la Unión ese Al Pacino entregado a la causa en la película ‘Un domingo cualquiera’. Y hoy, día de partido, me imagino al ex portero, dentro de pocas horas, en el centro del vestuario del estadio Rico Pérez de Alicante, exclamando en una charla anímico-táctica que escucharán los jugadores con los oídos en alerta, como en aquella escena mítica del séptimo arte: “Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales. O bien sanamos, como equipo, o nos derrumbamos. Jugada a jugada, hasta el final. Estamos en el infierno ahora mismo, señores. Y podemos quedarnos aquí, que nos caguen a patadas. O podemos luchar por nuestro regreso a la luz... Yo no puedo hacerlo por ustedes, soy demasiado viejo. Podemos salir trepando del infierno. Ahora, ¿qué van a hacer?”.

 

BALONCESTO. ROS CASARES-AVENIDA: LA PREVIA

Una final europea 

 

Y otra vez,  autovía hasta Valencia. La final de la Liga Femenina se repite a modo de homenaje al baloncesto. Ros Casares y Perfumerías Avenida se miden en pleno proceso de génesis de historia. Los duelos entre los dos armamentos principales trascienden ya más allá de la realidad del juego: han disfrazado los partidos de épica y espectáculo. Estos adversarios suponen la razón de ser del básquet femenino. Sin ellos, sólo aparecería el vacío, la nada.

 

La cuarta final consecutiva invita a cambiar la tendencia dominante. El subcampeón en 2009 ofrece argumentos de acero para iniciar triunfador la nueva década, aunque el favoritismo pace, de nuevo, en la Fuente de San Luis, donde se decidirán dos tercios de confrontación en el más extenso de los casos. El Avenida anhela una permuta de coronas con las de Valencia: el subcampeonato europeo por el incontestable éxito nacional.

 

El club salmantino ha anotado la primera canasta de la serie con la renovación de Sancho Lyttle, deseada por el eterno rival. Un golpe encima de la mesa: el poderío no sólo habita lejos del Tormes. Acude el Avenida a la cita nacional del año tras haber reducido su dosis de victimismo. Creer es poder, y el conjunto perfumero, advertido de su inferioridad, al menos no parte derrotado en la previa. La previsión apunta a serie larga, partidos igualados y décimas decisivas. El equipo de Jordi Fernández aterriza portentoso en la final, tras despedir a Rivas por la vía de la seguridad, en su mejor momento de un curso que no ha podido con todas las exigencias. Los días sin competición, a la espera de que el Ros saldara su trámite frente al Mann Filter Zaragoza, habrán reforzado el convincente estado físico del grupo (inmejorable el trabajo de Alejandro García), valor incuestionable para triunfar en el adiós de la Liga. Los precedentes alimentan las opciones salmantinas. Se perdieron cuatro, se ganó sólo uno, pero la igualdad reinó casi siempre.

 

La guerra táctica puede consagrar a Jordi Fernández, caso histriónico en el baloncesto. Con números de matemático, no ha calado en la entidad perfumera. Sobraron las faltas de entendimiento, pero una victoria frente al Ros Casares posee la facultad de limar asperezas, crear nuevos vínculos y hasta reconducir relaciones languidecidas. Valencia lo puede curar todo.

 

A las connotaciones múltiples que rodean el clásico se suma en esta edición el futuro. Nunca antes el gran partido albergó en las semanas previas tantos rumores, noticias y desmentidos. Atando cabos, se extrae una conclusión: no habrá que esperar al primer enfrentamiento de la próxima temporada para que varias jugadoras transiten entre Valencia y Salamanca. Cada gesto se examinará con lupa, cada palabra viajará al mundo de las interpretaciones.

 

La ‘Final Four’ española –lástima que no se juegue al mejor de cinco partidos– requiere la versión más plausible de todas las individualidades del Avenida. En la solidez del bloque reside la conquista; en cada carrera defensiva, en todas las posesiones. Si sólo un pilar cede su resistencia, el Avenida se quedará otra vez a las puertas de un título que ya desea con auténtico fervor. Enfrente, el Ros Casares sueña con la imbatibilidad nacional. Se hace indestructible año a año. Nadie le ocasiona ni un rasguño a su brutal poderío. Pero en el camino de la perfección no siempre se evitan todos los baches. El precipicio de la derrota amenaza, y si el oponente es el Perfumerías Avenida, toda precaución parece escasear.

 

El Ros y el Avenida no sólo se juegan la hegemonía nacional. Los dos últimos subcampeones de Europa desafían sus egos continentales. La copa de la Liga española posee algunos gramos europeos, nadie lo duda. El nombre del triunfador final traspasará las aduanas del baloncesto, para presentarse en la próxima Euroliga con un respeto extra que le facultará para desafiar, desde la primera línea de fuego, a las potencias rusas. Será una final vibrante, anunciadora de dos equipos que se agigantarán aún más en el futuro. El Avenida avista desde cerca al Ros. Y percibe que esta vez sí puede.

 

BALONCESTO

El Avenida tiene un problema

 

El Perfumerías Avenida planificó un viaje a la ciudad de la final sin conocer aún el nombre de su adversario. Quizá nunca haya ocurrido algo parecido en ningún otro deporte. Una falta de respeto, apuntan desde el Mann Filter Zaragoza, el supuesto perdedor. Sin duda, se trata de un error. Pero un desliz lógico que tiene su claro origen en una Liga Femenina que se muere. Una competición que anula cualquier posibilidad de sorpresa deportiva se vuelve enfermiza. Los corazones de once equipos laten ya sin apenas fuerza, y el futuro lastrará aún más sus penurias actuales hasta amenazar con un desenlace demasiado triste.

 

El club salmantino planifica, desde hace meses, la próxima temporada. Volverá a contar con un equipo estelar. El Ros Casares y el Rivas también perfilarán escuadras capaces de todo o casi todo. ¿Y el resto? Se conformará con superar el largo verano y poder salir a jugar –que no competir– en octubre. Será la prueba de que las carencias económicas no habrán convertido a esos clubes en verbos que se conjugan en pasado, en proyectos desaparecidos en el tiempo. La desigualdad entre equipos alcanzará proporciones todavía mayores a la actual temporada, en la que las diferencias ya han sido siderales. Durante la reciente fase regular, la última gran ovación que se escuchó en Würzburg fue para el baile de un niño en el centro de la pista en el transcurso de un tiempo muerto. Los partidos sin sustancia ahondan en la herida ya abierta del baloncesto femenino. Se multiplican las citas irrelevantes. Bodrios intrascendentes que el aficionado medio no soportará de manera indefinida.

 

El Perfumerías Avenida, aferrado a las victorias y a unas gradas casi siempre repletas, no debe de evadirse de una necesaria reflexión. Ganar sin más aburre. El deporte es emoción, incertidumbre, lucha titánica, disputa, competitividad. En la épica que se vive en la milésima de segundo que decide un encuentro se crean complicidades para siempre. Sin ella, el pasotismo se asoma y la desafección crece.

 

La reflexión ha de ser colectiva. A ningún club –ni siquiera al arrollador Ros Casares– le sienta bien el actual modelo, que ahuyenta la inversión de patrocinadores e impide que los medios de comunicación se envalentonen en la cobertura que merece el básquet femenino. Acostumbrarse a triturar rivales acarrea, a la larga, consecuencias negativas: el hastío convierte las exigencias en metas exquisitas e insaciables, la desaprobación puebla los graderíos y éstos muestran progresivamente más asientos libres en las citas poco relevantes, cada vez más frecuentes. Recientemente, le escuché decir a Jorge Recio que ya no disfruta “tanto como antes por las exigencias que existen”, señal de que algo se puede estar torciendo. Ya no se valora ni un segundo puesto, ni unos cuartos de final europeos o una final de Copa. Todo mérito alcanzado parece poco. Hasta los paladares más exquisitos se cansan del mejor caviar.

 

Ante este panorama, de momento, irreversible, el Avenida requiere de medidas pioneras y vanguardistas que sitúen en buena posición el futuro del club. El baloncesto es espectáculo, dentro y fuera de la pista. Si lo de dentro ofrece síntomas de agotamiento, lo de fuera debería potenciarse. Crear un departamento de nuevas ideas no parece algo descabellado. En otros deportes también minoritarios –balonmano, voleibol, hockey–, los clubes llaman a la puerta de sus seguidores ofreciendo un componente extra al partido de turno, en forma, por ejemplo, de espectáculo musical o entretenemiento lúdico de diferente escala. Un complemento útil para potenciar la esencia del deporte.

 

En el actual contexto, la atención del aficionado se enfoca más hacia los despachos que al parqué de juego. ¿Desde hace cuánto tiempo el tema más recurrente alrededor del Avenida son los fichajes de la próxima temporada? ¿Dos meses? ¿Tres? Y todo ello cuando la presente sigue en curso, con una apasionante final a la vista. Comentaba días atrás Arséne Wenger que el principal problema del Real Madrid es que “se celebran los fichajes en vez de los títulos”. El Avenida corre el riesgo de entrar en esa dinámica tan peligrosa: este año se ha hablado más de nombres que de canastas. Por cierto, el entrenador del Arsenal, la pasada semana, definió la Liga española de fútbol como “nada competitiva y poco interesante”. “Hay dos equipos buenos, pero el resto está a muchos puntos”, explicó. ¿Les suena?

 

FÚTBOL. CRÓNICA UDS-CÓRDOBA

La Unión vuelve a respirar

 

La Unión recurrió a valores enterrados en el baúl de los recuerdos para retomar sus constantes vitales. El corazón del equipo, con altibajos, sigue bombeando sangre, después del oxígeno insuflado durante la primera semana mágica de la nueva era D’Alessandro, artífice de una ilusión descomunal que volvió a acoplar al unionismo en las gradas del Helmántico. El equipo del argentino saldó una deuda con su afición, que no cantaba un triunfo local desde el año pasado.

 

El partido midió las posibilidades del Salamanca. Dos entrenadores obsesionados con la táctica ofrecieron a los 22 jugadores una partida de ajedrez. Todos los movimientos se dirigían desde los banquillos. El balón ocupaba el centro del campo sin que los centrocampistas se ocuparan especialmente de él. La fluidez se rendía ante la necesidad de evitar sustos en las áreas. Poco transmitía una brizna de emoción futbolística. Pero en tiempos de guerra, la seguridad defensiva reconfortó a los blanquinegros, que crecieron en autoestima en 90 minutos más que en las 32 jornadas anteriores. El equipo se examinó tras una preparación de última hora, y el profesor D’Alessandro seguro que habrá puesto un notable general a sus pupilos.

 

Este nuevo Salamanca no va a despilfarrar esfuerzos. Las líneas se juntan en 30 metros y la presión se inicia en el centro del campo. Biel Ribas ya no jugará nunca en corto. Y lo cierto es que el acordeón funcionó. La Unión se convirtió en un elemento sólido, conjuntado, asombrosamente ensamblado. Se descosió poco, aunque tampoco cosió tejidos ofensivos en abundancia. Inició el encuentro enrabietado, exponiendo Quique Martín lo mejor de su repertorio, desplegando los costados constantemente aunque sin descabalgues definitivos. Perico y Toti no acertaron a regatear, y el Córdoba superó la motivación extra inicial de su rival asentado y respirando sosegadamente.

 

Jorge D’Alessandro se desgañitaba en la banda. Su rostro de sufrimiento era el espejo de la grada. Los andaluces se arrimaban sigilosamente a la portería de Biel, algo inseguro al principio, muy sobrio al final, apoyado en un Murillo de hierro.

 

Del vestuario salió un conjunto blanquinegro convencido de que la segunda parte iba a ser suya. El Córdoba se resignó a empatar, nadando hacia Raúl Navas sin voltear el camino. La UDS sembró el fruto que recogería en la recta final. Sólo la ausencia de velocidad impedía desmontar el entramado táctico de Lucas Alcaraz. Quique Martín, magistral, se retiró de la batalla lesionado. Con Cuéllar ya en el campo, Linares se sumó a un esforzado Despotovic. Endika formó un ‘trivote’ con Salva Sevilla (gran tarde la del almeriense) y Hugo Leal que pareció una solución más que razonable. La Unión se sintió aún más protegida, los laterales apenas sufrían, pero el gol, como en tantas tardes, parecía una misión imposible. Casi imposible. Una combinación rítmica concluyó con un centro desde la derecha, tres o cuatro intentos de remate fallidos –otra vez más– y uno definitivo, el que Linares llevó hasta la red. El 1-0 agitó al Helmántico. Un gol celebrado con la rabia acumulada de cuatro meses de angustias. Quedaban aún los nervios de unos últimos minutos cardiacos, pero el equipo, tan poco acostumbrado a defender un marcador favorable, dio la sensación de disfrutar con cada despeje, con cada grito histérico de su míster, con los cánticos de una afición entregada. Todos gozaron sufriendo.

 

La Unión venció por la mínima, como se gana en Segunda. La Unión sufrió como nunca, como se sufre en Segunda. El equipo de D’Alessandro brotó de la nada para aferrarse a una categoría que ya conoce su nuevo estilo, más acorde a las necesidades de un club que vuelve a respirar.

 

FÚTBOL. UDS

La proclamación del entusiasmo

 

El pasado miércoles, mientras Jorge D’Alessandro vivía su segunda jornada como entrenador de la UDS, España conmemoró el 79 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Dos acontecimientos incomparables en su contexto y trascendencia social e histórica, pero coincidentes en el júbilo popular causado.

 

El 14 de abril de 1931, en todos los rincones de España, la muchedumbre salió a la calle placentera y eufórica. El alborozo del pueblo recorrió el país a modo de verbena triunfante. Los cronistas del momento y los historiadores de hoy armonizan sus textos para concluir que aquellos días fueron diferentes, especiales, únicos, conmovedores.

 

El deseado D’Alessandro ha desatado un torbellino de emociones en su regreso al banquillo del Helmántico. Ha permutado un ambiente abatido por otro ilusionado. Salamanca habla de D’Alessandro. Las conversaciones del pueblo, también eufórico, han centrado sus palabras en el histórico futbolista argentino. Los bares mezclan cañas con halagos a don Jorge. La Plaza Mayor, la misma que celebró con algarabía el advenimiento del nuevo régimen, oye ahora diálogos sobre la Unión como hacía tiempo no se escuchaban. Era difícil imaginar que una sola persona pudiera causar un terremoto tan palpitante.

 

Don Jorge ha aniquilado el pesimismo a un ritmo vertiginoso. Los medios de comunicación nacionales se fijan en el hombre de la verborrea incansable. La depresión blanquinegra parece tener solución. La ciudad así lo siente: miles de sus habitantes trasladarán el deseo de la permanencia hasta las gradas del estadio. La UDS ha resucitado a tiempo.

 

Como si se tratara de una conquista política, D’Alessandro ha llegado con su lema de “Juntos Podemos”. La salvación de la categoría es para Jorge D’Alessandro como las reformas agraria o educativa para los gobernantes de la Segunda República. Una meta ambiciosa, peliaguda, pero no imposible. Para ello cuenta con un efervescente apoyo popular y un período improrrogable de dos meses y medio.

 

Las expectativas se visten de inalcanzables. El objetivo último se dispersa entre el miedo ante el fracaso final. Pero quizá contra el Córdoba se ponga la primera piedra de un largo proceso que cumpla los sueños de una ciudad. A D’Alessandro, héroe unionista del momento, conviene permitirle trabajar en paz, no destruir su fortaleza vital a base de ataques reaccionarios cuando el primer tropiezo combata el optimismo predominante. Ahora sólo cabe desear que una guerra de trincheras en la Segunda División B no sea el fin del anhelado advenimiento de Jorge D’Alessandro.

 

BALONCESTO

Sáez le mete una canasta al Avenida

 

El Ros Casares ha vuelto a derrotar al Perfumerías Avenida, y en esta ocasión sin necesidad de sudar sobre el parqué. El marcador no ha computado en puntos; lo ha hecho en palabras. Las pronunciadas por el presidente de la Federación Española de Baloncesto (FEB), quien ha ‘machacado’ la canasta salmantina. José Luis Sáez vivió un ‘déjá vu’ el pasado domingo. En otra ciudad, en otro pabellón, con otros equipos, ante diferentes periodistas, pero con un discurso familiar, elaborado ya en Salamanca hace un año.

 

Abril de 2009. “Esta Final Four ha sido la mejor de la historia. Quiero felicitar a todas las instituciones que lo han hecho posible: Ayuntamiento, patrocinadores y, en especial, a toda la familia del Halcón Avenida”, afirmó Sáez.

 

Abril de 2010. “Esta Final Four ha sido la mejor de la historia. Quiero felicitar a todas las instituciones que lo han hecho posible, desde el Ayuntamiento hasta la Generalitat, y en especial a toda la familia del Ros Casares”, aseveró Sáez el pasado domingo en el pabellón de la Fuente de San Luis.

 

¿De verdad habrá superado la Final a Cuatro de Valencia a la de Salamanca? Sin patrones objetivos que lo midan resulta complejo ofrecer una respuesta concreta. Quizá la comparación esté fuera de lugar, y más si la realiza el presidente del baloncesto español. Salamanca y Valencia (pude comprobarlo de cerca) celebraron con pasión y éxito la máxima cita continental. Las gradas se llenaron, las aficiones disfrutaron con el mejor baloncesto del mundo, los medios de comunicación se volcaron con el espectáculo y las organizaciones cumplieron con creces en el esplendoroso desarrollo de las Final Four de 2009 y 2010. Por lo tanto, ganó el baloncesto femenino de España, a pesar de que el Spartak de Moscú destruyera los sueños del Avenida y el Ros Casares.

 

Pero los cargos públicos viven de las apariencias, de buenas palabras que no siempre se corresponden con la realidad. Así ganan votos y apoyos; de esta forma nunca se ganan enemigos. Es el arte de hablar por hablar, de agarrarse al poder, de contentar los oídos de todos, sin excepciones. José Luis Sáez no renovó su discurso. ¿Para qué lo iba a hacer si el de 2009 sonaba tan bien?

 

FÚTBOL. LEVANTE-UDS

Twitteando desde Valencia

 

La Unión ha perdido. He podido seguir el partido en Valencia. A modo de twitter, quería plasmar lo que he visto para compartirlo con quienes lo han escuchado por la radio, o quizá ni eso.

 

Primero: Sito ha apostado por un once inicial valiente. Ha situado sobre el césped a los jugadores de mayor calidad de la plantilla. Quizá sólo la presencia de Linares o Cuéllar podría ser discutible.

 

Segundo: el Levante ha acosado a la UDS en los primeros minutos. Por suerte, y por Biel, no marcó entonces. Sin embargo, se adelantó cuando se percibía que la tormenta ya había dejado atrás los truenos más ruidosos.

 

Tercero: Perico es un grandísimo jugador. Ha sido el mejor del equipo. Posee una calidad envidiable. Ha creado las mejores jugadas de la Unión. Nadie entendió que Sito le sustituyera en el minuto 20 de la segunda parte. Se fue hacia el banquillo con un evidente disgusto, y se quejó ante Sito.

 

Cuarto: nunca vi, ni vieron las 7.800 personas que ocupaban los asientos del estadio Ciudad de Valencia, fallar dos ocasiones tan claras como las erradas por Linares. Increíble, inverosímil. Solo. Solo ante la portería, sin guardameta, a ¿un metro? Quizá a menos distancia. No fueron ocasiones claras. Eran goles que Linares –nadie se explica aún por qué– detuvo como un defensor.

 

Quinto: ni con un arbitraje favorable ha sabido puntuar el Salamanca. Al Levante le arrebataron dos penaltis que parecieron más que evidentes, Akinsola pudo ser expulsado (a los 20 segundos de estar en el campo; también increíble) y un sinfín de decisiones más diminutas también beneficiaron a los blanquinegros. De poco valió...

 

Sexto: Biel ha realizado cuatro o cinco paradas de vértigo, pero ha fallado en los dos goles recibidos.

 

Séptimo: la autovía de Rossato abrió las puertas, sin peaje, sin ninguna oposición, y el Levante circuló como si no hubiera rival en esa zona.

 

Octavo: la UDS ha combinado bien. Quique Martín, Hugo Leal, Salva Sevilla y Perico se han entendido, y su calidad se notó en el campo del Levante. Por ejemplo: la Unión jugó mejor (entendiendo como mejor la puesta en práctica del juego combinativo) que el Real Madrid del pasado sábado, y que algunos equipos de la Primera División que suelo ver por la pequeña pantalla. Pero nadie es capaz de marcar un gol.

 

Noveno: se ha instalado en el equipo una exagerada gesticulación. Los jugadores, de forma mayoritaria, se reprochan continuamente sobre el césped los errores. Linares levanta los brazos cuando los defensas se equivocan. Rossato enfureció contra Linares en una acción sin aparente trascendencia, a lo que Quique Martín respondió y tuvo más que palabras con el lateral brasileño. Esto no ayuda.

 

Décimo: los periodistas de Valencia no entendían cómo este Salamanca se hunde de manera irreversible en la clasificación. Decían haber visto a un “buen equipo”. Y es que la Unión no ha jugado mal, es cierto, pero viene de un pozo tan oscuro... El Levante dispuso de muchas ocasiones en la primera parte, pero un empate salmantino, o quién sabe si incluso una victoria, no habría sido tan extraño. La UDS ha corrido, ha luchado, se ha entregado. Nadie puede achacar al equipo falta de actitud. Físicamente tampoco se le ha visto mal.

 

Undécimo: Balta se ha ido del estadio sin querer hablar demasiado. Afirmó estar profundamente disgustado y enfadado. Alfonso del Arco (vicepresidente deportivo) dio a entender que habrá cambio de entrenador. Pascual se marchó casi corriendo tras el pitido final. Quizá para no tener que dar explicaciones que aún no habrá concretado al ciento por ciento.

 

Duodécimo: los jugadores han tenido un gran comportamiento con los aficionados que les esperaban a la salida del estadio. Ha sido digna de admirar su conducta: ningún seguidor, pese al disgusto, ha increpado a la plantilla. Al contrario: han apoyado a los futbolistas y les han trasladado todos los ánimos que cabían en esos 10-15 minutos que ha durado el encuentro. “Por favor, nos tenéis que salvar”, les suplicaban unos jóvenes unionistas. Hugo Leal, Gañán, Perico... han hablado con ellos y les han prometido conseguirlo. Al menos, darlo todo para evitar el descenso. Así debería ser el ambiente del domingo: que nadie critique, que todos apoyen.

 

Decimotercero: sin duda, la imagen más triste de la jornada la ha protagonizado Sito a las puertas del vestuario de la UDS. Le hemos visto prácticamente llorando, hablando con algún periodista sin que la voz le saliera audible, destrozado anímicamente, triste por ver a la UDS en esta situación, sabedor de que le van a destituir, desolado por ver cómo se le escapa su sueño de triunfar en el club de su vida, sintiendo que los banquillos profesionales se le alejan sin remedio. Me ha impresionado su tristeza. Suerte, Sito.

 

FÚTBOL. UDS

Cuestión de confianza

 

El francés Jean-Michel Aulas es el triunfador del fútbol europeo en 2010. El presidente del Olympique de Lyon, equipo que jugará las semifinales de la Liga de Campeones, ha sentado cátedra en el arte de gestionar eficazmente un club. Su doctrina adquiere un tinte divino, avalada por el éxito deportivo de una entidad modesta que escala cada año hacia el cielo continental. El análisis de esta figura concede como resultado una amalgama de ideas de un interés ineludible.

 

A Jean-Michel le descubrí en una reciente entrevista que publicó el admirable periodista Diego Torres en El País. Por entonces, la UDS ya se hundía en los suburbios de la clasificación. Ahora ya no se hunde: vive en ellos.

 

Aulas arribó al sillón presidencial del Olympique en 1987. 23 años después, ha trazado una línea de estabilidad incorruptible. Más de dos décadas sin vaivenes, sin apenas incoherencias. ¿Será, por tanto, el mantenimiento de una política deportiva la causa del éxito? La pregunta me dirigía hacia la Unión y, en particular, hacia su presidente. Por aquellos días la comparación me agradó: veía a Juanjo Pascual reflejado en Jean-Michel Aulas. Ahora, tres meses después, albergo alguna duda.

 

Pascual despidió a Juan Carlos Oliva. Y, precisamente, en la destitución del entrenador aragonés se fragua la discordancia actual. No es el momento de examinar de nuevo esa decisión, acertada o no. “No es un problema de clasificación, es que ya no confío en Oliva. He perdido la confianza en él”, aclaró el máximo dirigente de la UDS. Por lo tanto, obró en consecuencia. Pero ahora Pascual tampoco confía en Sito (¿alguien lo duda?), y Sito continúa en el banquillo blanquinegro. ¿Se ha instalado la contradicción en la gestión del presidente del Salamanca?

 

En 20 años, Jean-Michel Aulas sólo ha despedido a un técnico. ¿Por qué es tan leal?, le preguntaron. “¡Porque los he elegido yo! La elección de un entrenador es una prueba de perspicacia. Si lo despido es porque el que se ha equivocado he sido yo, no el técnico”, respondió entre exclamaciones, como en un acto de fe. Si creemos al empresario de Lyon, Pascual y Balta se repartirían, por ese orden, el fracaso actual.

 

Sito se sentará en el banquillo del estadio del Levante el próximo domingo. Sabe que ya no se confía en su trabajo, que quizá sólo se le ha mantenido en el cargo una semana más para evitar que el nuevo entrenador debute en un encuentro difícilmente vencible. Sólo las contradicciones de sus jefes le permitirán enfundarse el chándal del club, en principio, unas cuantas horas más.  

 

La semana que comenzó el 5 de abril deja en mal lugar al club del Helmántico. El miércoles aún se proyectaba una permuta en el banquillo. Así no se prepara una final. Al presidente nadie le ha escuchado durante el embrollo. Los medios nos cuentan que está muy afectado por la situación. Sito también se encuentra afligido. Los jugadores manifiestan públicamente que el vestuario está apenado. Un ambiente deprimente se ha enclavado en la Unión, justo cuando se requiere lo contrario: un poco de aire fresco, de cordura institucional, de alegría ante la adversidad.

 

Para el célebre presidente del Olympique de Lyon, la máxima de su triunfo se resume en aportar siempre “una visión optimista”, con “carisma, ganas y pasión”. Pascual posee carisma, pero los duros reveses de su mandato han limitado sus ganas y su pasión. Espanta pensar que al presidente ya le cause indiferencia el futuro o que se haya sumergido en la apatía. Hace mucho que no oímos su voz alegre. Pascual debe dar un paso al frente, abrir ya una ventana para ventilar el pesimismo –dentro de poco puede ser demasiado tarde–. Hacer lo que siempre hizo con tanto entusiasmo: aportar ilusión y optimismo desde el palco de la Unión.

 

FÚTBOL. UDS

El plumas de Iniesta 

 

El mundo se enternece viendo al Barcelona desplegar prodigios de fantasía futbolística en los campos de Europa. Las cámaras de televisión persiguen una pelota que se agita en diagonal, vertical y horizontalmente a una velocidad frenética. Paredes, combinaciones de ensueño, circulaciones delirantes. Cada degustador del menú culé sueña con un proceso de mímesis que atraiga hacia los equipos de sus almas las virtudes deportivas del campeón mundial.

 

 

Y, de repente, aparece el plumas de Andrés Iniesta. O Iniesta abrigado por su plumas, presumiendo de escudo, de club, de sentimiento; destilando implicación, proximidad. Iniesta siguió desde la grada del Camp Nou el partido contra el Athletic. Su imagen en la televisión exportó un sentimiento de grandeza digno del excelso juego del equipo de Guardiola y, a la vez, un mensaje que define qué es el compromiso dentro de una plantilla de compañeros.

 

El plumas de Iniesta no es un dato menor. El centrocampista del Barça, lesionado, no podía jugar, pero visitó a sus amigos del vestuario con el plumas del equipo, símbolo de la identificación que le une a ellos, sin adornos de oro y relojes de medio metro de diámetro de los que presumir. Y así siguió, nervioso, las carreras de Puyol y las diabluras de Messi, y celebró encantado los goles de Bojan.

 

El ejemplo de Iniesta no predomina. Los futbolistas no convocados, poco importan los motivos de la ausencia, conducen asiduamente al desprestigio de un equipo. Promueven comportamientos que denotan falta de unión en el grupo, como si sus ausencias transmitieran que la jornada no va con ellos, que ese domingo no hay fútbol. Llegan al estadio, acaso, pocos minutos antes del inicio del choque, tras una semana de esfuerzos menguados, bien perfumados y mejor vestidos, a desfilar por una pasarela de pasotismo. Pocos dirían que su equipo juega esa tarde. Despatarrados en el banquillo local, miran desganados el calentamiento de los compañeros y atienden con desinterés las preguntas de los periodistas, mientras la grada se llena de aficionados que acuden tensos y animosos a la cita del domingo.

 

En la Unión se necesita el plumas de Iniesta. El equipo se despeña desconsoladamente hacia el abismo. Ya nadie fantasea con ver un juego alegre hasta junio: el entorno del club sólo aspira ahora a avistar el compromiso de todos en la tarea conjunta de evitar el descenso al infierno. Aún no se ha escuchado a ningún seguidor que demonice a uno de los suyos por fallar una clara ocasión o perder un balón cerca de la portería de Biel, pero sí arrecian las voces críticas contra comportamientos poco decentes por parte de deportistas profesionales. El espíritu de Cañas vuelve a sobrevolar el Helmántico. Los descensos aterran a todos, pero estremecen aún más si cabe cuando se aguzan los sentidos para ver, con los ojos horrorizados, que tu equipo no batalla hasta la extenuación.

 

El talante de Iniesta muestra la suma necesidad de inculcar los valores de un club a los últimos depositarios de librar las batallas sobre el césped. El jugador de Albacete conoce la idiosincrasia del Barça: con ella creció y a ella la quiere. Siente el delicioso valor de vestir la zamarra azulgrana. Otra zamarra, la unionista, también atesora historia y valores únicos, victorias y goles épicos, futbolistas y jugadas insertados en la memoria colectiva blanquinegra. Los clubes que no pueden gestar sus plantillas en la cantera se enfrentan al reto de alcanzar la enculturación de las nociones propias, persiguiendo el objetivo del compromiso colectivo. A la decena de jugadores que cada año aterriza en la UDS –en general, grandes desconocedores de su pasado– hay que formarla en la cultura de su nueva casa. La enculturación del unionismo podría pasar, por ejemplo, por un vídeo que incluyera los ascensos de categoría, la sabiduría de García Traid, las gradas efervescentes de El Calvario y del Helmántico, las elegantes cabalgadas de Alves o Giovanella, la entrega sin rendición de Rezza o Huerta, la remontada histórica contra el Barcelona y, cómo no, el 0-5 de Albacete y su prórroga nacida a base de un ilimitado sacrificio, y que la proyección concluyera evocando el “This is Anfield” de Liverpool: “Esto es la Unión. Tienes que estar a la altura”. Y repetirles el mensaje durante la pretemporada, y después, algún domingo más, y más tarde, si es necesario, también.

 

Que sientan la Unión como suya, que no se desplomen nunca camino de la dejadez o el menosprecio hacia un sentimiento que merece llegar a centenario. Que no cese su tenacidad en cada carrera, entrenamiento y partido. Que, al igual que Andrés Iniesta, se pongan ya, todos, el plumas de la Unión y no lo suelten, al menos, hasta junio, cuando celebremos que en 2011 se podrá soñar de nuevo con ascender a Primera, y que esta ilusión albergue una esperanza real más pronto que tarde, para que el vídeo que vean las próximas generaciones que tomen tierra en el Helmántico sea aún más extenso y grandioso.

 

BALONCESTO. REPORTAJE

De Jordi a... ¿Miguel Méndez?

 

Un año después, el Perfumerías Avenida no ha cerrado la crisis abierta por el adiós de José Ignacio Hernández. La temporada 2009/10 deja una conclusión evidente: el Avenida ha echado más de menos a José Ignacio que José Ignacio al Avenida. Casi doce meses más tarde, el entrenador que vino a Salamanca para sustituirle ya se ha despedido del equipo. No seguirá. Al menos, llegará hasta mayo, que por poco no abandonó el banquillo perfumero varios meses antes.

 

El acuerdo social (club, medios de comunicación y aficionados) fue total en los días previos al verano de 2009: Jordi Fernández debía entrenar al Avenida. Y Jordi aterrizó en Salamanca, con el ojo avizor, expectante; apenas intuía las vicisitudes de su nuevo cargo, ni las repetitivas comparaciones que guiarían su peregrinar por el banquillo de Würzburg. Jordi Fernández no recibiría un sobresaliente o un suspenso. Su calificación sería otra: mejor que José Ignacio, peor que José Ignacio.

 

El técnico catalán ha desarrollado un buen trabajo: finalista de la Copa de la Reina, cuartofinalista de la Euroliga y récord de victorias en la Liga Femenina, a la espera de lo que deparen los play off. En todas las competiciones, el Avenida ha ocupado el lugar que le correspondía. Pero el éxito o el fracaso se miden con otra suma de variables minúsculas, y más en los clubes grandes. Sólo una demostración: si la última posesión de la final de la Copa de la Reina hubiera acabado en canasta, para muchos, seguramente, Jordi ahora sería mejor que Hernández.

Lejos de las pistas, Jorge Recio, Carlos Méndez y Jordi Fernández no se han entendido. Las discusiones han sido constantes. Los caracteres no han congeniado. Las dos partes se rechazan por igual. El cambio de entrenador a punto estuvo de concretarse en diciembre. Ninguno desea prolongar esta comedia. Jordi Fernández es presente, pero ya pertenece al pasado (aunque uno todavía se pregunta por qué no se podría replantear la situación. ¿Hay alguna opción mejor que Jordi actualmente? Tras un año de convivencia, ¿no sería mejor el segundo después de que todas las partes ya conozcan los pros y contras de cada personalidad?).

El club salmantino busca ya al nuevo entrenador. No hay prisas: en el baloncesto femenino se otorga mayor trascendencia a la confección de la plantilla que a su conductor. ¿Quién será el nuevo director de orquesta del Avenida? Descartada la inminente vuelta de José Ignacio Hernández, apunten los siguientes candidatos: Gustavo Aranzana (hasta mayo, al menos, estará en Cáceres, en la LEB Oro. Siempre mostró disposición por girar su trayectoria hacia el básket femenino si le llamaba el Avenida. El club mantiene una estrecha relación con él), Jorge Méndez (Sóller, conocedor de la idiosincrasia del club), Evaristo Pérez (ex seleccionador nacional) o Víctor Lapeña (Zaragoza, con el que ha completado un excelente curso). También existe la opción extranjera, siempre lejana por el aspecto económico (Laszlo Ratgeber, ex del Spartak de Moscú, valoraría una llamada desde Salamanca). Y, por último, se podría tocar a los máximos rivales (Javier Fort e Isma Cantó, este último admirador del ambiente de Salamanca, han demostrado ser grandes gestores de magníficas plantillas). Y entre tanto nombre, uno aparece con más fuerza que ninguno: Miguel Méndez. Joven, preparado, con mucha experiencia en la Liga Femenina. Ya estuvo en las quinielas tras el adiós de José Ignacio. Este año ha seguido creciendo: ha situado al Celta entre los mejores de la Liga. Alba Torrens sería su valedora en la plantilla perfumera.

Al elegido le espera el reto de cerrar una herida abierta. El club le debe dejar claro qué espera de él y cuál será su misión, ser consciente de que la relación de confianza que tenían con Hernández será inalcanzable, poner sobre la mesa todas las cartas para que a primeros de octubre no choquen las filosofías personales, e impedir que el aspecto económico lo complique todo (los dos últimos entrenadores se han sentido mal pagados). De Jordi a… ¿Miguel Méndez? La pregunta tendrá una respuesta en breve.

 

FÚTBOL

El momento de Perico

 

Perico se muestra siempre taciturno: en los entrenamientos, en los partidos, en su relación con los compañeros y atendiendo a los medios de comunicación. No se sabe si calla para no llamar la atención o por dejadez. En el campo desprende el mismo aroma. Por intervalos de tiempo se ausenta, huidizo, indolente, y la grada le acusa de apático y perezoso. A los entrenadores les produce cierta pesadumbre: en los últimos años, ninguno ha comprendido el frío carácter del malagueño.

  

El centrocampista de la Unión Deportiva Salamanca juega muy bien al fútbol. Su pierna izquierda es un guante afilado, toque milimétrico, controles elegantes, gran velocidad de arranque, potencia vertical en carrera y capacidad para serpentear rivales. Sin duda, el mejor regateador del equipo. Los partidos más completos de la UDS se vieron con un Perico feliz en la banda izquierda. Pero desapareció a un ritmo tan frenético como sus cabalgadas por la banda. Cualquier otro futbolista, con la media docena de actuaciones correctas que completó, habría sellado su nombre junto al once titular, pero Perico se diluyó de repente, se escondió como el Guadiana y en 2010 no ha habido noticias sobre su paradero.  

 

Perico no se entrena mal, simplemente se entrena a su manera, desprendiendo una sensación de desgana subjetiva, pero no objetiva. El viernes se subió en el autobús para el largo viaje hacia Girona. Lo hizo, como acostumbra, sin hablar demasiado y con rostro impertérrito. Sito le ha convocado para cubrir la baja de Cuéllar. El frío extremo, que a veces parece congelarse, ve ahora despejado el camino de la titularidad. La Unión necesita a su hombre más desequilibrante. En las doce estaciones que restan hasta el final del campeonato, Perico debe hablar muy alto, sentirse protagonista y olvidar sus silencios y desapariciones para dar un paso hacia el frente y poner sus actitudes y aptitudes al servicio de un conjunto que ya sólo jugará finales hasta junio.  

 

Pese a sus defectos, su espíritu poco ‘bregador’ y su irregularidad, es el momento de Perico, porque su calidad no abunda en la UDS. Con él entre los once elegidos, la Unión será un mejor equipo.

 

FÚTBOL. CRÓNICA UDS-NUMANCIA

La nada se instala en la Unión

 

Azotado por mil males, deambulando por un Helmántico que llora por su equipo, la Unión rubricó uno de los capítulos más infames de los últimos años. Sin brega, pundonor ni entrega. Con una apatía que descose la viabilidad del club. El Salamanca vuela sin alas: se estrellará sin remedio si no aterriza pronto sobre la decencia futbolística.

 

El Numancia castigó con severidad la debilidad de un equipo de escombros, sumergido en una paranoia colectiva sin límites. La UDS ya ni corre. Salió a jugar, desganado, con el disfraz de perdedor y se fue a casa con la careta de la Segunda División B.

 

Los jugadores sorianos se entrenaron en su visita a Salamanca. Apabullaron a los unionistas, una presa miedosa, carente de valentía y desgastada en exceso. El desastre blanquinegro se escribió con mayúsculas. Ni se inmutaron al recibir tres goles (Lago Junior y dos de Del Pino) que denotan la falta de espíritu de un colectivo que desapareció en el simulacro de partido que ofreció a seis mil aficionados incrédulos.

 

La primera media hora deprimió al unionismo. La Unión fue la nada, un vacío exasperante. El Numancia disfrutó con un juguete roto al que zarandeaba de un lado al otro del área. En la portería de Biel Ribas se desató un terremoto de incalculables consecuencias futuras. Se abrieron tres grietas; pudieron ser más. Debieron ser más.

 

Hugo Leal y Álvaro Jurado discutían y se estorbaban, Salva Sevilla se eclipsó, los defensas decidieron no defender, Biel abrió su portería, a Cuéllar se lo tragó la banda y Linares protagonizó otra pelea contra el gol. El cataclismo fue absoluto. En el banquillo, Sito creía estar soñando su peor pesadilla, meditando con el paso de los minutos una renuncia sin visos de vuelta atrás. La grada se deprimió: mostró un abatimiento general, lamentando la sinrazón del deleznable espectáculo.

 

La segunda parte, como cabía esperar, no trajo la remontada, ni siquiera una mínima búsqueda. Toti huyó del ridículo general con un buen gol, pero no supuso un giro que ya nadie esperaba. La UDS se retiró hacia los vestuarios, de donde nunca debió salir para desempeñar una tarde tan aciaga. Por delante, doce partidos, en los que la Unión quizá decida volver a correr y, así, bregando, sufriendo, siendo un equipo de fútbol, huya de la nada y del descenso hacia el ocaso del club.

 

FÚTBOL

Trabajar más, dar más

 

Biel Ribas habla despacio. Muy claro, pero siempre lento, para que le dé tiempo a que las palabras adelanten a los pensamientos y modificarlos si estas ideas corren peligro de salirse demasiado de la corrección futbolística. Sus silencios le permiten evitar incendios de vocabulario. Al hablar delante de un micrófono, nunca pestañea, fija sus ojos en un punto concreto y se presenta ante los medios como hipnotizado, con una suprema concentración. Sabe que, además de paradas, despejes y blocajes, la prensa supone otro reto de (casi) igual trascendencia.

 

Precisamente, ese discurso pausado, ralentizado, le ha evitado achicharrar aún más el dramático presente de su equipo. Después de la ignominiosa derrota contra el Numancia (1-3), Biel Ribas protagonizó una rueda de prensa que a punto estuvo de acabar en forma de titular categórico. “¿Entenderías que echaran a Sito?”, le preguntaron los periodistas. Entre silencios prolongados, con rostro grave, comenzó a responder: “Si lo hicieron cuando íbamos octavos, pues ahora tampoco vendría…, tampoco sería extraño”.

 

Los puntos suspensivos muestran el vacío de una palabra o expresión de la que Biel huyó a tiempo, o quizá una traición del subconsciente frenada también a tiempo. ¿Perciben el ambiente turbulento que habría desencadenado un “pues ahora tampoco vendría... mal”. Nada me hace pensar que Biel no confíe en su entrenador, pero el debate está servido desde hace algunas semanas. “Aquí no sé cómo van las cosas, pero se puede esperar cualquier cosa", continuó el portero. Para evitar interpretaciones desafortunadas, rápidamente aseveró: "Estamos con Sito. Es el actual entrenador. Estamos con él y con su trabajo al ciento por ciento. El día que llegue (otro entrenador), si es que llega...; yo no lo creo, pero bueno... Estamos al ciento por ciento con Sito”.

 

¿Realmente un sector de la plantilla se está dedicando a la destrucción masiva del vestuario hasta colgar de la soga a Sito? La pregunta vuela de boca en boca. Es evidente: algunos jugadores elegirían ya otro técnico que les dirigiera desde el entrenamiento de mañana. Pero ese grupo de irredentos no navega entre los titulares, y existe en todos los equipos.

 

Aunque varias personas con conocimiento de la actual crisis de la UDS aseguran que “le están haciendo la cama a Sito”, yo me resisto a creer que los once profesionales que el domingo se distribuían por el césped del Helmántico tengan –todos o algunos– una guerra declarada al entrenador. ¿Por qué? ¿Qué motivos tendrían para adoptar una postura tan arriesgada? Este postulado me suena absurdo e incomprensible.

 

Por ello, y tras el grotesco partido contra los sorianos, recurro de nuevo a Biel para divisar causas más reales de por qué un conjunto de futbolistas se muestra como una deformación del fútbol. “El equipo tiene que mirarse en el espejo y cada uno ver a lo que se dedica y si está dando el 100%. Se ha hablado durante toda la semana de si la gente no daba el callo en el campo; yo no quiero ser crítico, pero creo que cada uno a lo mejor podemos dar algo más. Con más trabajo e ilusión, vamos a sacar esto. Cuando no salen las cosas, tienes que trabajar el doble para que te salgan mínimamente bien", sentenció el guardameta de la UDS.

 

Trabajar más, dar más. He aquí la medicina que puede curar a un enfermo que camina hacia el abismo.

 

FÚTBOL

La economía sostenible

 

Leo las primeras páginas de los periódicos, que se esfuerzan por enseñar los principios de la nueva Ley de Economía Sostenible del Gobierno de Zapatero. Entre frases y párrafos percibo que me resulta familiar, colindante, como si alguien próximo ya la estuviera aplicando en algún lugar cercano. Leo repetidamente las palabras “excesos en la construcción” y pienso irremediablemente en Bogdan Stelea y tantos otros. Y donde se habla de “proporcionalidad”, “necesidad”, “transparencia”, “eficacia” y “estabilidad de las finanzas” mi mente se adentra en la actual y contenida política de fichajes de la UDS. El Gobierno solicita “remar en idéntica dirección”, “unidad”, “confianza” o “colaboración” (¿les suena?), y las comparaciones navegan ya solas hasta llegar a una conclusión: el presidente unionista, Juanjo Pascual, lleva empleando con éxito las ideas de la economía sostenible desde su llegada al club del Helmántico. El nuevo descubrimiento, al que otorgo la traza de momento histórico, me hace ser optimista: quizá a España le empiece a ir bien, como a la Unión.

 

Porque a la Unión le va mejor en el apartado económico, el de mayor trascendencia también en una entidad deportiva. Al menos sobrevive. Cabe recordarlo en marzo de 2010, cuando la negatividad inunda la actualidad blanquinegra. 

 

Ahora visito la hemeroteca y rescato los titulares que nos atormentaban durante estos mismos días de 2008: “Con 40 puntos comienza la subasta”, “Gañán afirma que las noticias en torno al futuro del club les afectan”, “Volver no es tan fácil” (reportaje que analizaba el peregrinar de otros clubes que, de repente, comenzaron su andadura en Regional o Tercera). El Oviedo, un abogado sin elegancia, portavoces de la Liga de Fútbol Profesional o el alcalde de Villares de la Reina desfilaban por la pasarela deportiva mediática. Dos años después, al menos, pienso –y me reconforta–, se habla de fútbol: de si un jugador no se esfuerza en los entrenamientos, si el preparador físico no acertó con la tecla, si los delanteros se muestran inoperantes, si los rivales se alejan o se acercan… 

 

La economía sostenible de Pascual funciona. Valga como ejemplo: poco se destaca que la plantilla está cobrando cada mes con regularidad. (Da miedo pensar qué ocurriría con la actitud de algunos futbolistas en caso contrario). 

 

La Unión está viva. Cerca del descenso, pero viva, y sin subastas, ventas ni desapariciones que la acompañen. ¡Que aumente el optimismo! La UDS, con la ayuda de todos, es sostenible, y el futuro alimenta la esperanza de ver al club saneado a medio plazo. Marzo de 2008 sí que fue un infierno. 

 

BALONCESTO

Un cordón policial para niños

 

Ni Luis Buñuel habría confeccionado un guión más surrealista. La escena rindió tributo al director español. Policías llamando a más policías. Niños convertidos en pequeños ultras de vocabulario salvaje. Sus padres, apartados del cordón policial, con sus rostros pétreos, orgullosos del espectáculo, sin disimularlo, glosando los detalles de la jugada con otros padres. Dentro del fornido cordón policial, inquebrantable, unas jugadoras de baloncesto caminan, en su mayoría risueñas, paseando sosegadamente con un comportamiento quizá altanero, grandes cascos de música cubriendo las orejas, encabezadas y protegidas por el vicepresidente del club local, recibiendo insultos y hostigadas por bufandas azules, las 'armas' de los pequeños ultras, hasta alcanzar el autobús, coger asiento y continuar risueñas.

 

En la escena anterior, la del partido, dos jugadoras del grupo que después se mostraba jubiloso en el autobús se comportaron también como ultras del deporte, acusadas de provocar a los actores de la grada, quienes así justificaron el posterior bullicio que necesitó del cordón policial.

 

Pero nada justifica ese odio de una minoría de seguidores salmantinos que merece una censura firme. El Avenida-Ros Casares se despidió con una imagen surrealista: policías protegiendo a las jugadoras valencianas de la chifladura de unos chicos que no superaban, salvo locas excepciones, los 12 años (¿cómo se puede ser tan maleducado con tan poca edad?), mientras sus padres no impedían el hostil comportamiento y otro progenitor, el de Amaya Valdemoro, se encaraba con unos aficionados que vejaban con tirria a su hija.

 

Y a los que presenciaron este triste guión sólo les quedó una incredulidad indescriptible. Y, como consuelo, sólo cabe recurrir a John Carlin y su obra maestra ‘El factor humano’. Una lección necesaria de lo que debe ser el deporte, sin insultos, vejaciones, provocaciones ni ademanes chulescos, sin policías ni decenas de padres e hijos henchidos de odio en un arrebato de enajenación colectiva transitoria. Así no gana nadie: el sábado volvió a perder el baloncesto.

 

FÚTBOL

Kike López se juega el ascenso

 

Seis puntos median entre Kike López y la Primera División, la distancia que separa al Valladolid y al Real Zaragoza en la tabla clasificatoria. Si el equipo castellano revierte esta realidad en las próximas jornadas, Kike actuará de delantero en la ‘Liga de las Estrellas’ 2010/2011.

 

La anterior hipótesis goza de una serie de argumentos consistentes que la corroboran. Primero: la permanencia del Valladolid garantizaría la continuidad de Onésimo Sánchez en el banquillo de Zorrilla (saldría muy reforzado y con plenos poderes, debido al desgaste de Roberto Olabe, a la hora de confeccionar la plantilla). Segundo: Onésimo Sánchez idolatra a Kike López (ya le ha entrenado en dos ocasiones). Tercero: al club pucelano, si continúa en la élite futbolística, no le supondría un esfuerzo mayúsculo afrontar la cláusula de recuperación del delantero de la UDS. (En Segunda, las formulaciones 1ª y 3ª se derrumbarían como azucarillos).

 

En la previa del Valladolid-Real Madrid, el periodista Carlos Arribas (muy recomendables sus literarios artículos) ‘reportajeaba’ en El País la nueva vida del Onésimo entrenador de Primera. Y sus palabras confirmaron la veneración del ex futbolista por Kike, tal y como había percibido en una conversación que pude mantener recientemente con el propio Onésimo.

 

Onésimo siente que en Kike López vive la esencia de su “fútbol de gambeta” (Arribas dixit): “Si levantas la cabeza, te quitan el balón, y es más importante el balón que la cabeza. Otra cosa es tener la jugada de antes en la cabeza. Los que dicen que hay que levantar la cabeza ahí nunca han estado ahí. No se trata de levantar la cabeza, sino de hacer las cosas con sentido”.

 

Citó el periodista las palabras de Onésimo y, seguidamente, dirigí la mirada al párrafo anterior y al siguiente pensando que encontraría una pregunta sobre el jugador del Salamanca. Lógicamente, no había mención acerca de Kike, pero no negarán que la respuesta del técnico parecía destinada a él (“si levantas la cabeza...”). Y, también de inmediato, recordé cuántas veces he escuchado en el Helmántico reproches a Kike por esa característica del juego que Onésimo alaba y practicaba en cada partido.

 

Kike no gambetea como Onésimo: no son delanteros gemelos. Pero el entrenador quiere en su equipo a un jugador que le hace de espejo de su etapa como futbolista, y de quien prevé un gran margen de mejora por su juventud. Kike López se juega un ascenso a Primera a poco más de 100 kilómetros de distancia, y, curiosamente, no depende de él ni de sus incansables carreras con la cabeza gacha.

 

FÚTBOL

Titularísimo

 

Ángel Bernabé, como diría Pellegrini, es titularísimo: pocas veces un suplente perpetuo aportó tanto a un equipo. El portero gobierna el área de los conceptos intangibles que rigen el deporte. El punto que ofrece el empate o los tres que adornan una victoria se dividen, como los exámenes, en décimas de diferente procedencia, y Bernabé aporta unas cuantas a cada igualada y triunfo de la Unión.

 

En la arrogancia del fútbol, en la lucha de divos de un vestuario, no busquen a Bernabé. Jamás lo encontrarán. Es el suplente perfecto, si es que esos dos términos se aceptan y permiten que se les vea pasear de la mano. Un suplente que se entrena cada día parando balones y despejando con los puños cualquier ápice de apatía o pérdida de ilusión que le pueda visitar.

 

El portero, nadie lo duda, posee unas cavilaciones interiores desconocidas. Su soledad en el campo le acerca más a un tenista o ciclista que a sus compañeros de vestuario. Ejerce la profesión de futbolista, pero pertenece a una especie rara dentro del gremio. Como un esquimal en la Plaza de España de Sevilla en el mes de agosto.

 

Si se le pregunta a un entrenador por los cambios que querría en su ámbito laboral, una de las primeras respuestas se escucharía al unísono: “Que no hubiera suplentes en el fútbol”. Aquéllos que cada domingo se sientan en los cómodos -pero fríos- banquillos de los estadios se encargan de colocar la primera piedra del proceso de construcción del despido del míster. Ellos llegan a la sesión del lunes con el gesto arrugado, y sólo una idea les tendrá ocupados durante el resto de la semana: encontrar aliados para destrozar la paz del grupo. La dinámica descrita sucede en todos los equipos (este año esta película ya la han protagonizado algunos futbolistas en la UDS).

 

Sin embargo, Bernabé no se esconde en caracteres depresivos ni desarrolla posturas fatuas. Ni una queja, ningún lamento. Disfrutó de la Copa del Rey como quien abre los regalos el 6 de enero. Su enemigo deportivo, Biel Ribas, se ha convertido en su mejor amigo en Salamanca. El portero presenta claros rasgos de rara avis futbolera. Y su sonrisa permanente y sincera, la sonrisa de un suplente, su entrega constante, la entrega de un suplente, merecen un premio que distinga su significativa colaboración en los éxitos de un colectivo.

 

Bernabé dijo ante los micrófonos (y piensa de idéntica forma lejos de ellos) que se siente “un privilegiado por estar en un gran equipo de Segunda” y que no tiene motivo alguno para quejarse. El Salamanca y su afición también deberían sentirse privilegiados por contar en su equipo con un joven que ostenta una calidad humana infinita y unas condiciones talentosas en la portería. El estadio de El Alcoraz de Huesca espera al titularísimo Bernabé.

 

BALONCESTO

Obsesión con Isa Sánchez

 

Me cuentan que Isa Sánchez encandiló a José Ramón de la Morena, que el pasado jueves presentó El Larguero (Cadena SER) desde la Facultad de Comunicación. En el trayecto de vuelta a Madrid, al popular periodista le venía una y otra vez la impetuosa sonrisa de la jugadora del Perfumerías Avenida. Ya advirtió el feliz descubrimiento en antena cuando dijo: “Ahora ya entiendo por qué esa obsesión con Isa”.

 

 

Las horas que precedieron a la entrevista se convirtieron en minutos de nervios desorbitados en el estómago de Isa. Era un ‘partido’ estelar: ella, portavoz de sus compañeras de equipo, de un club especial, de una afición volcada y de todo un deporte minoritario, se medía contra un bloque más numeroso, con jugadores que contaban con oídos repartidos por toda España, caracterizados en su mayoría por el desconocimiento del baloncesto femenino. La responsabilidad de hechizar a los incrédulos sumió a Isa en la necesidad de colgarse del larguero y del aro para transmitir una reivindicación ineludible.

 

Habló De la Morena de McLuhan y de su “el medio es el mensaje”. Los alumnos de Comunicación asentían recordando la teoría. Pero para Isa Sánchez, la sonrisa es su mensaje. Una sonrisa que cruzó la barrera del sonido para colarse, por medio de los transistores, en más de un millón y medio de hogares. Reivindicó la jugadora sevillana su baloncesto, Salamanca y el Avenida. Y sonrió con cada respuesta, regocijándose de su admirable comunión con el micrófono y la radio.

 

Isa Sánchez es la deportista más inteligente que he conocido. Nunca se equivoca. Siempre percibe cómo debe desenvolverse con éxito en cada escena de su vida. Posee un don especial que le permite cautivar al entorno. Cuando ríe, su interlocutor sabe qué mensaje comunica. Una mujer singular, diferente, necesaria.

 

Ahora muchos entendemos por qué Isa se ha casado tantas veces. Porque todos la queremos. Porque, como se percató José Ramón de la Morena, hay obsesión con ella. Y, sobre todo, porque ella se hace querer.

 

FÚTBOL

Yo quiero un Marcos en mi equipo

 

A Marcos, capitán del Real Valladolid, le deberían salir muchos imitadores en las salas de prensa de los estadios. El fútbol sería mejor. Si además de escuchar sus palabras observaron su ruda gesticulación, entenderán que era un sincero grito de pánico por la proximidad de verse lejos de los focos que alumbran cada fin de semana al deporte de élite. La Segunda División es muy diferente, otra historia. De ahí que a Marcos se le encendieran unos ojos rojizos y se le dibujaran venas de sufrimiento ante las cámaras de televisión. Su comunicación no verbal expresó mayor sinceridad que sus palabras, porque las palabras se escapaban de su boca poseídas por el miedo del descenso.

 

Alberto Marcos no va a matar a nadie. Quien sólo acepte la literalidad de sus declaraciones vive alejado del fútbol. En los vestuarios, cuando el entrenador culmina la charla y las botas ya están bien atadas, por las escaleras que permiten divisar el verde del césped se escuchan improperios para motivar; expresiones vulgares con el objetivo de que penetren en la mente de los jugadores más fríos y aumenten la energía positiva del grupo.

 

El imperecedero lateral izquierdo pucelano, como él ha reconocido, se equivocó al decir que hay que “arrancar cabezas” rivales. Pero huyamos de la desafortunada anécdota y centrémonos en la tesis de su rueda de prensa: Marcos humanizó el fútbol. Si yo fuera abonado del Valladolid, ante mi desasosiego por ver al equipo de mi vida descendiendo sin frenos, querría que alguien me explicara qué está ocurriendo sin excusas baratas ni tópicos indolentes. En estos casos siempre se escucha un mensaje inerte: “todo se nos vuelve en contra”, “no tenemos suerte”, “el grupo está unido”... Marcos huyó de lo cotidiano y enumeró públicamente los males que se han instalado en el vestuario de Zorrilla, los mismos que suelen habitar en tantos y tantos vestuarios de los equipos que no dan la talla: jugadores que no arriman el hombro, otros que sólo se entrenan por las noches, egoísmos personales que no entienden de fracasos colectivos, pequeños grupos liderados por cabecillas de la peor calaña, etc.

 

Los periódicos y telediarios de medio mundo han mostrado los ojos encendidos de Alberto Marcos, centrando la atención repetidamente en las voces altisonantes. Será por la falta de costumbre. O quizá por que el próximo rival es el Real Madrid y hay que allanar el camino para alguna expulsión o penalti violento que ya se encargarán de decirnos que tuvo su antecedente mediático en las “malvadas frases” del lunes en Zorrilla.

 

No se trata de convertir el vestuario de un equipo de fútbol en un Gran Hermano en el que los protagonistas narren todas las interioridades, pero el abonado o aficionado se merece una respuesta más allá de la corrección política, y Marcos la ha ofrecido. Su sinceridad es un gol a la mentira y habitual aburrimiento que anidan en las declaraciones de los futbolistas. El socio requiere una explicación franca: su sufrimiento se aliviará con ella.

 

Recuerden ahora la temporada 2004/05. La Unión se dio de bruces con la Segunda División B. Si entonces, a 15 jornadas del final de la Liga, hubiera aparecido un Alberto Marcos por la sala de prensa del estadio salmantino, quizá la permanencia habría sido una realidad. Pero nadie dijo nada, el ambiente se enquistó más y el descenso hizo sufrir a los unionistas. Cuando éste se consumó, sí se oyeron las lamentaciones de varios integrantes de aquella atroz plantilla. “Es el peor vestuario que he conocido”, comentaban resignados, ya preparándose para jugar en Lemona o Portugalete.

 

Quizá el Valladolid no se mantenga en Primera. Si finalmente lo consigue, tampoco habrá que recurrir a las palabras de Marcos como máxima explicación del éxito que nadie esperaba. Pero por su hipotética repercusión positiva, por su sinceridad, compromiso, sentimiento y profesionalidad, yo querría un capitán así en mi equipo.

 

FÚTBOL

Toti: ¿el salvador de la Unión?

 

A finales de diciembre, con el pelo engominado, revoltoso como se muestra él sobre el césped, Toti entró en la sala de prensa del Helmántico. Respondió cuatro o cinco preguntas e impresionó a los periodistas por su convicción, confianza en sus posibilidades y madurez. “2010 va a ser mi año”, vino a decir con otras palabras más sutiles.

 

Las lesiones le habían hecho llorar. Siempre llegaban para cerrarle las puertas del fútbol. Ahora, sin desgracias imprevistas, ha madurado. Ha aprendido que ser futbolista requiere algo más que horas de gimnasio y dar unas cuantas patadas diarias al balón. Fuera y dentro del campo, muestra serenidad, calma, valentía, arrojo, desparpajo, fuerza, talento.

 

El ojo de Javi López fue el inicio del trayecto de Toti. El entrenador catalán quedó maravillado por un chico de aire despistado que, a diferencia de Jorge Alonso, nunca fue considerado como un icono de la cantera. Sin los músculos que ahora dibuja la camiseta blanquinegra, con varios centímetros aún por alejarse del suelo, Toti era un Toti menor. Al iniciar su etapa juvenil, sufrió un revés: los responsables del fútbol base de la UDS decidieron que jugara en el equipo provincial (el tercer y último conjunto de los juveniles), mientras otros chicos de su edad pasaban al de Regional Juvenil, donde, supuestamente, desplegarían sus talentosas habilidades las principales promesas unionistas de 17 años (Álvaro Tejedor, ahora en la Cultural; o  Javi Benéitez, ahora en el Ciudad Rodrigo).

 

Toti salvó esa temporada peliaguda. Y dio un doble salto al siguiente año: el equipo de División de Honor le reservó un hueco. Después llegaría el buen ojo de Javi López. El jugador salmantino demostró siempre una ilimitada fuerza de voluntad. Los había mejores a su edad, pero pocos o ninguno sintió en su interior, con tanto ímpetu, que quería ser futbolista profesional.

 

El fútbol le está regalando una juventud plácida, alejada de las penurias diarias de los amigos del barrio, y Toti desea devolverle al fútbol el favor en forma de sacrificio, velocidad, regate y goles. La transición ha sido titánica: del Toti que sentía pavor en sus primeros entrenamientos ante Arpón, Quique Martín o Braulio, al Toti que se coloca el brazalete de capitán con verdadero orgullo y capacidad de liderazgo. La timidez ya no vive con Toti. En un club con ciertas dosis de pesimismo, su sonrisa es un halo de rebeldía muy necesario. En los estadios de la Segunda División ya no hay mofas con su nombre. Toti se escribe sólo con una “t” delante de cada vocal. Que su nombre aparezca al fin bien escrito en los periódicos es otra prueba evidente de que ha alcanzado la mayoría de edad. Toti es Toti, y, seguramente, también será el salvador del Salamanca, ese club que le apasiona (cuando corre por la banda del Helmántico, aún se emociona recordando que una parte de su ‘yo’ vive en la grada de Preferencia, desde donde tantas veces animó a la UDS).

 

El presidente Pascual tiene una ilusión: se llama Toti. El canterano podría ser el mejor negocio de la última década. Lo del Betis va en serio, muy en serio. Su venta permitiría liberar avales y, por qué no, abrir la puerta de la anhelada Ley Concursal.

 

Para Toti, unionista de corazón, ayudar a su equipo a sobrevivir económicamente sería un sueño. Otro sueño que haría realidad el chico que tantas veces gritó “¡Hala Unión!”.

 

La Escuadra Helmántica, por Carlos Llamas

El deporte de Salamanca desde un nuevo ángulo periodístico y reflexivo. Información, opinión, reportajes y debate en torno a los equipos y deportistas salmantinos. Un punto de encuentro para los aficionados, con el objetivo principal de practicar el arte de la escritura y contactar con otras opiniones que den al blog un carácter de foro respetuoso en el que todos podamos aprender y divertirnos. El periodista Carlos Andrés Llamas abre una ventana a los amantes del deporte y el periodismo deportivo menos convencional.

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